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Charisteas y un cabezazo milagroso

Múnich (Alemania), 10 jul (EFE).- Nadie esperaba a Grecia en la final de la Eurocopa de Portugal 2004. Y mucho menos, una vez en ella, que derrotara al anfitrión en el Estadio da Luz de Lisboa y ante una mayoría de público en contra. Sin embargo, el combinado que entonces dirigía el alemán Otto Rehhagel, con un cabezazo de Angelos Charisteas, se llevó la victoria (0-1) y protagonizó una de las sorpresas más grandes de la historia de la competición.

El delantero de la selección griega de fútbol Angelos Charisteas, durante la final de la Eurocopa 2004 que enfrentó a su equipo contra la selección de Portugal en el estadio de la Luz de Lisboa. EFE/Nuno Veiga/Archivo[PROHIBIDO SU USO EN HUNGRÍA]
El delantero de la selección griega de fútbol Angelos Charisteas, durante la final de la Eurocopa 2004 que enfrentó a su equipo contra la selección de Portugal en el estadio de la Luz de Lisboa. EFE/Nuno Veiga/Archivo[PROHIBIDO SU USO EN HUNGRÍA]

Múnich (Alemania), 10 jul (EFE).- Nadie esperaba a Grecia en la final de la Eurocopa de Portugal 2004. Y mucho menos, una vez en ella, que derrotara al anfitrión en el Estadio da Luz de Lisboa y ante una mayoría de público en contra. Sin embargo, el combinado que entonces dirigía el alemán Otto Rehhagel, con un cabezazo de Angelos Charisteas, se llevó la victoria (0-1) y protagonizó una de las sorpresas más grandes de la historia de la competición.

Grecia, con esa victoria, demostró al mundo que los milagros en el fútbol, existen. El equipo de Rehhagel llegó a la edición de 2004 después de haberse clasificado para una única Eurocopa con anterioridad, la de 1980.

Con esos antecedentes, las casas de apuestas no daban ni un euro por la victoria de Grecia, que, sin embargo, comenzó el torneo con una victoria en la fase de grupos, sobre, precisamente, Portugal.

Venció 1-2 al conjunto luso, entrenado por Luiz Felipe Scolari, campeón del mundo con Brasil sólo un par de años antes. Esa derrota fue un aviso que muchos pensaron que fue una casualidad. Pero Grecia continúo partido a partido pasando etapas y selecciones como Francia en cuartos de final, o la República Checa en semifinales, también mordieron el polvo.

La clave del éxito de Grecia fue su fútbol defensivo y rocoso hasta el límite. Aquel sello de identidad dio a conocer a jugadores como Nikopolidis, Seitaridis, Zagorakis, Karagounis o el gran protagonista de la final, Charisteas. Al entonces jugador del Werder Bremen le bastó con un salto y un cabezazo a la salida del córner a los 58 minutos para derribar a Portugal y entrar en la historia de su país.

Su acierto derrotó al gran favorito, provocó las lágrimas de un imberbe Cristiano Ronaldo y generó la mayor sorpresa de la historia de las Eurocopas.

Nunca, desde su primera edición en 1960, una selección con tan pocas opciones antes del inicio del torneo, alzó el título. Ni siquiera Checoslovaquia en 1976 o Dinamarca en 1992 rompieron tantos moldes. Y es que Rehhagel, Charisteas y su cabeza tuvieron gran parte de culpa del mayor éxito de Grecia en toda su historia.

Juan José Lahuerta